viernes, 2 de julio de 2010
sábado, 9 de enero de 2010
Oro Líquido
ORO LÍQUIDO
- * NO LE GUSTABA EL PASO DEL TIME* El Tiempo yacía simple. Sin esperanzas. Sin destino fijo y final. En un butacón de terciopelo rojo de un club de jazz, somnoliento y decadente, dejaba pasar las horas muertas. Con un traje a rallas y botines a la antigua, esperaba a su mejor amante que nunca llegaria. En su mano diestra, una larga carta de despedida, en la otra un laceroso y caliente Whisky. Unas aspas enfriaba lo imposible. La cantante de jazz desgranaba, certera, los lamentos. Con un suspiro y derrotado leyó por décima vez aquella lanza venenosa, directa a su perversidad inmortal: Querido: En mi cuerpo y alma, se detiene desterrada, mi frágill soledad. El blues áspero ingiere nuestras horas, en pasajes del recuerdo. Nos enredamos fieles, tú y yo, en aquel presente, arañándonos sin piedad, los anhelos resbaladizos. Encontré tu camino histórico, y allí me tuvistes, amarrado, transformado a tu antojo. Debí amarte deprisa, mis sueños melancólicos y confusos, se removían ágiles, en la reserva fiel de mis cosas favoritas. Hoy he salido contento. Te he comprado una postal donde salgo de niño, en mi viaje al Paradiso Perduto, que con esta carta, es mi despedida triunfante.. Oigo tus melodías vigorosas, que me desbordaron adecuadas, cual náufrago solitario. Tú que fuiste abrazado por las nanas azules de mis palabras sinceras, en nuestra tierra fértil. Tú que sacaste los pájaros paganos de mi alma. Quedarás en mi partida en silencio. Te miré frente a frente, a esa tu intensidad profunda, erizando mis razones y mi piel. Apagaste las estrellas lejanas, para estar juntos. Trajiste las hojas dipsomanas del otoño durmiente, de otros reinos inconfesables, para mí, para nosotros. para nuestro camastro, y en medio de tantos sueños y quimeras, me empezastes a invocar, a transformar, a ser útil, a herir mi finísima textura complaciente y complacida, que me daba la vida. Esos arribistas eran cada vez peor en sus paraísos falsos, y me rescataste prudentemente para salvarme. Fui fuerte en mi ilusión, creyéndote. Derrotando el vértigo de las dudas y la complacencia del los pecados faciles. ¿ Que me distes ?. Cambios. Cambios sutiles y confusos para mí. Acariciabas mi cuerpo rescatado, como fantasma oportuno. Me dabas placeres a bocanadas. Deleitable tu tacto. Nos enredamos sudorosos en tus sábanas trenzadas de fino engaño. De sueños pasajeros. Esas solitarias estancias, gemían, hervían, copulaban con graciosa voluntad, al vernos desnudos. Mientras íbamos rozando los abismos posibles e imposibles de nuestra memoria y deseos. Con aliento de menta susurrabas tus condiciones. Oportuno granuja bendito. Don Juan infiel, convirtiendo mi carne alucinada, en imágenes irónicas y macilentas. Desprendíste de mí, mi soledad, huella fértil y creadora. Marioneta temblorosa y de cuerdas de papel fui. Amante cantor, en nuestras horas perdidas, ignoradas, luminosas..presagios de tu bola de cristal legítimo, escupian tus malabarismos, manjares exquisitos salidos de tu tómbola bulliciosa y pasajera para nada. Para el fin. Tu tono suave, sofisticado, engañoso, burlón y peregrino, me citó en la cabaña histórica, de tantas puertas con corrientes, de entradas y salidas, sin saber, sin comprender, de tu cabaña con faro y mar turbulento. ¿ Como no me dí cuenta ? Exhaló mi ilusión por tí. El melancólico blues de tu casino barato, ya no me cautivaba. Están en los sueños de mis sombras. Tu realidad infiel no me gusta; no me sugiere. Te pudo pasar a tí. Pero vendiste tu alma al peor postor. Las campanas de aquellas medias noches tocaban a esos triunfos extraños, no significaban nada. Solo eran bailes agitados, entre leones enredados y castigados por las habladurías vulgares. Nosotros. Gritaban las esquinas aburridas, sellando nuestras perdiciones. Y nos reíamos hambrientos. Riendo con el sudor perlado de nuestros cuerpos en la fragilidad de las horas. De la noche. De los destinos tan distintos. Los nuestros. Te pedí el blus desgarrador. Lo necesitaba. Te esperé y no llegaste. Llamé a los vientos suaves. Imploré en nuestras sabanas áridas, a los dioses. Puse mi alma en espera, por tí. Y me cambiaste. Me enredaste. Todo lo que sería, lo supiste y no dijiste nada. Mi hogar se hizo de sueños engañados. Los tuyos. Tu vesánico hacer. Tu triste abrázame, hiriente y postizo, que asco!! ¡¡ Que pena !! El canto de los afligidos me llama, volviéndose noche. El sol se puso en mi sur, y tú loco abrasador inundas de lágrimas mis estancias luminosas. _ Encantado seré tu amigo! Me dijiste, en mi mejor juventud. Eres justo mi tipo. Portémonos mal, mordiéndonos de amor las entrañas solitarias. Y piqué. Cedí voluntarioso. Te amé y te ofrecí. Cabrón tortuoso. Te pedí me dieras aquel doceavo beso que tanto esperé e imaginé para que? En tu pasaje fértil tus agradables huellas , me hacían temblar, trazando ilusiones sin desvanecerme y me aburrí de esperar. Como tú quieras amigo ilusionista, siempre azacanado, sin exilio pactado, yo te seré fiel. Te dije confiado. Me volviste loco, con tus cosas tontas. Saldé mis confesiones triviales para seguirte. El quid que deseabas. Pasaste como cometa fugaz y me cambiaste sin avisar, por otro amante incauto. Soñador sin remedio. Abrazado querrá ser. Me retiré de tu circo llevándome a la eternidad los puros e impuros retazos de mi vida en ti. Tu tacto febril escribió una recomendación a mi favor, gracias. Te esperaré, si lo deseas en los minaretes cubiertos de hiedra donde se divisa lo que ya sabes. Con mi plegaría esbelta y austera pasaré los días en esos confines verdes. Ya no te deseo gracias por todo. Que te vaya bien. Dejó de beber. Ya ebrio y triste miró por los acantilados del jazz furtivo. Dejó caer el manuscrito de despedida, cerró los ojos y unas tenues lágrimas cayeron prontas sobre su inmaculado traje. El saxo tenue y febril balanceaba los destinos del Universo. La bella cantante agarraba el micro y relajaba más la voz. Los perpetuos humos enviciaban al local barato del Tiempo. Este yacía mortal sobre la moqueta roja y un manuscrito largo y sincero pedía auxilio para que los vientos de la noche no se lo llevaran. La bella recogió de un rincón, embadurnado de besos y perdón con múltiples letras sangrantes, un largo papel. Guardó su contenido en un sobre azul que había sobre un butacón de terciopelo rojo. Apagó las luces y se fue
Lentos Emocionantes y Eléctricos
LENTOS EMOCIONANTES Y ELECTRICOS
- Era el rey. Se sentía acalorado y rendido al acabar la tarde de trilla. Olía a sudor limpio. A cebada y trigo. A sueños incandescentes y tibios. En sus labios finos, un silbido profano y melódico, de alguna diosa cantante, de sus amores radiofónicos._ ¡ Viernes ! y daba un brinco de felicidad, mientras quitaba las jaquimas a sus mulas y les daba libertad. Sabía que esa noche en la discoteca, había música nueva. Aliviaba a los animales cansados y sudorosos, que lo seguian, sacando agua del pozo natural de la cerca, mientras bebían sedientas, las bañaba, echándoles cubas de agua fresquita, sobre los lomos de terciopelo, después se iban trotando a los extraños pastos del verano, felices. Miraba a las higueras generosas y sus inmensas parvas de higos frescos a sus sombras oportunas. Al paseíllo de las hormigas negras, con múltiples y variados manjares. Oía el canto de lo conocido y desconocido adivinando sus murmullos. Contemplaba el volar lento de las cigüeñas. Sentía el deambular de la brisa por su cuerpo empapado de sudor. Ya, como poseído por todas aquellas sensaciones, se desabrochaba las botas. Se quitaba los calcetines, repletos de cebadas y polvillo. Al borde del pozo iba dejando su desgastada ropa; mientras silbaba, absorto, con esos labios fínos, una melodía lenta con oración: _ ¡ Hoy es Viernes chaval ! Las caricias impúdicas de la brisa lo abrasaban, recorriendo todas sus fronteras, un escalofrío placentero erizaba su piel canela y se sumergía , sin prisas, en la pila fresquita, desnudo y libre, como libre es la inocencia. Su ted morena y explendida, brillaba con las luces y sombras de la naturaleza expectante. Agitaba el agua sobre su cuerpo. Venían a su mente los barquitos de su infancia, banboleándose sobre las olas altas y peligrosas que agitaban su cuerpo. Se sumergía, escuchando en la profundidad la suplica de los náufragos. Su sudor enamorado, emergía enlutado, hacia la superficie verdosa del mar agitado, respiraba profundamente, diluyéndose en el atardecer evanescente del verano maduro y fiel, con un : _¡ Hasta siempre muchacho !. Digno, era comido por el aire burlón y llevado a las estancias secretas de lo invisible. Entonces emergía puro y limpio de la pila diciendo e invocando a su dios particular: ¡ Viernes ! ¡ Viernes!. Lo esperaban en el antro pecaminoso de la discoteca, los lentos emocionantes y las baladas eléctricas. Unido, pegado, fundido al cuerpo de alguna bella, tabú sereno y deseado. Sintiendo los sofisticados pechos, jóvenes y turgentes, balanceándose con descaro sobre él. Oliendo la limpieza suave de un perfume una y otra vez.. Una locura atrevída para los sentidos. El latir de la noche acababa de empezar. Sus tribus eran generosas. Las turbias luces oscuras, poseían las voluntades de dos volcanes en erupción. La columna vertebral parecía crujir a ambos, como relámpagos invisibles, que saben donde acertar. Las manos inexpertas, subían y bajaban, muy lentas, cansinas de sesear y palpar, las espaldas vestidas y estafadas por la ropa, que molestaba. Mientras, el poder de las melodías, bajaba al amor imaginario para ser poseído y el veneno cálido de los sueños rotos, era hilvanado nuevamente, en otra noche, para ser revivido en la piel. Los labios susurraban nerviosos, promesas y deseos. Seguía el monótono balanceo de los pasos, enlazados entre sí. Las cabezas apoyadas sutilmente en las mejillas sofocadas y ardientes. Con miradas perdidas en la noche. Envueltas en colores tenues. El suelo tendía su alfombra voladora. Extasiados por sueños ricos y poderosos. Robados por hadas del placer. Perdidos sin rumbo. Solo la oscuridad. En madrugada alta y generosa. La cintura quemada. La piel marcada por los dedos, vida o castigo. Besos primerizos y temerosos. Los alientos mentolados y de fresas, unían sus lenguas en la batalla ganada de ante mano. Los cañones del aliento invadían una y otra vez las trincheras del rostro. De los rostros poseídos en dunas de vao y disparos de besos descontrolados y certeros. Tomando y retomando, sin reservas todo lo tocable del enemigo. Y los colores postizos, embajadores de las provincias del deseo, intuían el descalabro de tantas batallas, emocionantes y eléctricas. La noche, puta y certera, puso a las horas en guardia y con condiciones, de pronto se iluminaba todo, con otros ritmos mas acelerados, la guerra se retiraba sonrojada, los cuerpos sacudían sus últimos cartuchos, las lenguas descansaban en sus guaridas cansinas y malhumoradas, escupiendo maldiciones. El faro tenue de la oscuridad, dejo por fin su equipaje oscuro. Simplemente bello, el Alba, gritaba y echaba sus sábanas al inmortal Tiempo. La chica tenía que ir al baño, siempre socorrido. Mareada de excusas. Chorreando por la batalla. Desencantada quizás, por el poco porvenir de sus sueños. Él se quedaba de pié, en medio de la pista. Hablando con el Alba. Dando las gracias al Destino. Sacando un pitillo arrugado por la contienda. Feliz. Esperando entre calada y calada el fin de la madrugada. El sol reluciente de la tarde de verano secaba la piel bronceada del muchacho. Las mulas habían desaparecido de su vista. Vaciaba la pila inexperta de deseos profundos, mientras el reguero de agua dorada y desteñida, soltada inocente, por la paja humedecida y débil, se perdía en los surcos y senderos de la Tierra Madre enamorada y sábia. Algunas hormigas, viajaban sorprendidas por la riada de oro, hacia otros destinos distintos. Los grillos salían hábiles de sus escondites múltiples. Alguna libélula se contemplaba insegura en los espejos de los regueros. Las sombras invadían seguras la tarde cálida del verano. Unos labios finos y formales decían por undécima vez..._ ¡ Hoy es viernes ! .
Cuerpo Asaetado de Dudas
EN EL CUERPO ASAETADO DEL BLUS:¡ SUSPIROS...!
- CALOR Y MISTERIO: Pasea diminuto un avión, por el cielo incandescente y sagrado del verano romano. Izharin lo persigue con la mirada, tocando su panza con el dedo índice. No se hace a la idea aún de que su pareja ha muerto. - ¿Dónde está el amor? ¡Ese que riega los conductos de la soledad! Que sale al encuentro de la felicidad primeriza y pura.¿Dónde estás?¿Porqué me siento inmensamente solo? Se desvanece el avión en un horizonte aspero y neblinoso. De una calima extraña. Como si estuviese llorando el mismo. Los efectos del calor seguramente. Llora profuso. Desconsolado. Ido del mundo. Se sienta sobre el borde de la cama. Un pequeño tocadiscos le hace compañía sobre una mesita imperio. Al lado seis frascos de somníferos Nembutal. Una botella de whisky y ocho cigarrillos que desea devorar en su decisión final : Irse con él. Con su amado. Él ya no está. No es posible. Hace unas semanas estaban en España. En un chequeo rutinario detectaron un bultito en el colon. Los médicos en un aparte le dijeron: _ ¡Fase cuarta, Izharin, muy avanzada! Quizás unas semanas. Resígnese. No hay antídoto. Sufrirá poco. Lo sentimos. Dejó de pensar en positivo. Su amor de toda la vida se iba. Sus bellos trabajos por el mundo se desintegraban. Volaban fugaz como ese avión diminuto por los cielos neblinosos. Lo dejaba demasiado pronto. Injustamente pronto. Treinta años. Los planes de ambos se esfumaron. Será mejor terminar cuanto antes. Quería estar un ratito más sobre la cama. Contemplando la mesita poderosa que le daría el fin. Envuelto en recuerdos de tardes resplandecientes. Visitando los mejores museos del mundo, para restaurar los trabajos más jugosos y prioritarios. Solo ellos. El mundo de ellos. De dos exquisitos y nobles caballeros. De amantes con corazón. Generosos. Altruistas. Comprometidos.Ya nada era igual. Todo olía a mentira gorda. Se echó de espaldas sobre la cama. Percibía su olor. El sabor de sus besos. La justa caricia de sus manos. Solo le bastaba cerrar los ojos y advertir mil sensaciones de él. Con él. Los besos lentos sobre las fronteras de la carne templada. El tacto apaciguador de los susurros respetuosos. La mejor terapia. El amor. El tintineo de las copas al brindar un deseo. O un éxito. El paso de un día cualquiera. Las risas de los mil juegos para pasar la tarde de los Domingos. El olor de su ropa limpia. Las miradas fijas recorriendo libres los contornos del deseo. Los suyos. Y ahora no estaba. No había nadie. Solo él como despojo inútil. Un Izharin cobarde. Sin fé. Nunca la tuvo. Él si la tenía. Y le gustaba escucharlo en esas divagaciones filosóficas. Con hermosas palabras. Con ya la encontraras tiempo al tiempo. Estamos de paso. Le encantaba. Pero ahora solo con estancias vacías que adquirían su forma. Con recuerdos mezclados. Sinuosos. Una habitación seca y miserable. El murmullo exterior de la ciudad santa. Roma eterna y pomposa. Las entradas para un partido, ya sin sentido. Se incorporó de la cama lento. "_¡ Cambiaaa lo que tengaasss que cambiarrr! Creyó oír desde el baño esa voz. ¿Qué podría cambiar ahora? Los sabores del amor, del éxito? Solo por tenerlo de nuevo a él ¡ Sí eso quiero! Quiero irme cuanto antes para estar con él. Vaga ilusión. Deseo cobarde. Decisión desastrosa. La vida sigue. El mundo está ahí a tus pies. Sigue Izharin. Tienes talento,. Dones. Generosidad. Nada lo consolaba. Las divagaciones no entraban en su lógica. Los cigarrillos desaparecían sin piedad. El whisky hacía su efecto. El nembutal, pastilla a pastilla. iba siendo ingerido con lágrimas hermosas. Todo terminaría en unos instantes. La penuria que alfombraba el paso de sus recuerdos desaparecería pronto. Un reloj toca los cuartos a mucha distancia. Mira su reloj de pulsera. Un rolex regalado por él. Las nueve y cuarto de una mañana de comienzos veraniegos. Un día que pudo ser brillante y ahora es embotado. Se aturde por momentos. Empieza a ingerir más. Un timbre suena y resuena con insistencia en el apartamento. No importa quién sea. No estoy para nadie. Pronto se acabará todo. Dejen de tocar por favor. Farfullaba en una inconsciencia borracha. Suena y suena. Le martilleaba los oídos. No lo soporta. Se levanta furioso hasta la puerta de entrada. Abre tambaleándose. No hay nadie. Maldita sea. Al cerrar la puerta arrastra algo con los pies. No vé claramente. Se agacha. Coge un pequeño sobre. No hay remite. De color extraño. Su textura es diferente. Lo abre y lee. No conoce a nadie en Roma. No espera a nadie en Viernes. La sirvienta libra hoy. Se atusa el pelo confuso. _¡ Seguramente se han confundido de puerta! " Espérame en la sinagoga" Era el escueto mensaje del sobre extraño. Su desconsuelo era total. El tocadiscos voló por los aires. Los minutos, hirientes, confusos. El mensaje absurdo. Los recuerdos amontonados en su retina, dolorosos, insoportables. Deshace la cama de forma violenta. Muerde las sábanas con angustia. Destroza todo lo que toca. Y ese maldito mensaje sin sentido. Mira por la ventana tambaleandose, con náuseas, Roma no le sugiere. Maldito cáncer. Maldito todo. Huérfano. Convicto de ninguna guerra. Solo la del amor que ya no estaba. El Tiempo retorcía implacable sus entrañas. Arrugó el papel con el escueto mensaje y se repuso. Esa nota era más poderosa que su inminente muerte. Fue al baño. Se entró los dedos en la boca y despachó a gusto esa eternidad que lo esperaba rápido en la oscuridad, quizás, de lo desconocido. Se duchó con agua fría. Se puso unos tejanos. Una camisa de lino y deportivas cómodas. Cruzando los brazos sobre sus hombros imaginó un abrazo de él. Sobreponiéndose dijo: _ ¡Ayúdame!. Se marchó del apartamento, camino de la sinagoga del mensaje. Pasó por las escalinatas de la Plaza de España. Más recuerdos hirientes. Paró un taxi y le indicó mareado el sitio señalado. Al llegar no había nadie conocido. Gente extraña. Turistas. Palomas en una fuente charlando sobre sus cosas. Arrullando con pasos cortos sobre la historia del mundo. Un restaurante pequeño acababa de abrir. Lo miraba todo con nostalgia, rabia y dolor. Sus pasos lo condujeron rápidos hasta la sinagoga. Recordaba muy bien que había pertenecido a una orden templaria. Ya no le importaba nada su cultura. Entró sin ganas. Miró a su alrededor. El recinto era fresquito. Cuantos recuerdos agolpados. Galopando en esos instantes. Escapados del mundo. Engullidos por Roma y sus rincones. Olores. Promesas. Futuro.!! Jurándose ambos amor eterno. Siempre amor. Una paloma se mete en la estancia. Arrulla nerviosa. Intenta echarla. Ésta vuela hacía lo alto de la cúpula central. Izharin observa. No ve a nadie. Se está dando la vuelta para marcharse. Bromas tontas se dice. Oye voces. Se gira. Los susurros nombrándolo se meten en sus oídos. Piensa que es el efecto aún de las píldoras y el whisky. Todo es turbador. No sabe donde mirar. De dónde provienen los susurros. Pide clemencia. En lo alto de la cúpula central ve una luminosidad. Unos focos quizás? Debe ser el colocón, piensa. El cansancio hace mella. Esas formas alargadas, luminosas, casi etéreas, esa luz que cimbrea en el espacio. De allí provenía los susurros con su nombre. Miró poseído fijamente a la luz que bajaba hacia él. Notó un calor que lo tomaba por segundos. Un olor cautivador a jardín de millones de flores. Por sus pies notó una invasión,interna, que iba subiendo poseyéndolo y aniquilándolo. _ Izharin soy yo no temas. Creyó volverse paranoico en aquel sitio. Ante sus ojos, tenía una mirada resplandeciente que lo miraba. Eran aquellos ojos grandes y marrones que tanto le gustaba. Su corazón atacado por décimas de segundos, limpiado, reestructurado, quitado los dolores y rescatando una fe que no poseía minutos antes. Se sentía restablecido, alegre, esos tentáculos luminosos, como pulpo insaciable venido de las profundidades abismales de la mar desconocida, seguían su curso por el cuerpo de Izharin. De pronto contempló una figura entera a un palmo de sus narices. Era él. Mourat en su inmensa eternidad. Consolándolo y dándole fuerzas. No lo resistió más y se desplomó cual bambalina delicada hacía un suelo que lo sostuvo. Son las tres de la tarde. Una enfermera espera el despertar del paciente que ya no delira. _¿Donde está?_¿Quién? Responde la enfermera. _Se desmayó en la basílica. Está usted agotado, pero bien. Puede marcharse cuando lo desee._ Habrá sido el calor. Murmuraba extraño. No recuerda casi nada. Solo un golpe en el corazón. Como un soplo eléctrico que se introdujo en él. Una nueva vida en su vida. Se siente feliz. Al llegar a casa todo está ordenado. Las píldoras han desaparecido. La botella de alcohol. Su mal humor. Se siente distinto. Fuerte. Una paloma está sobre el alfeizar de la ventana. Toda la estancia huele a flores. Ahora comprende. Su fe vino a salvarlo a él. El mensaje. Todo cobraba razón ahora. Otros mundos son posibles. La rica vida terrenal engrandece con el tiempo y espera paciente ese otro mundo diverso y eterno. El era bueno y noble. Abrió la cama para acostarse. Miró una foto de ellos dos en España y quiso pronunciar una vez más la palabra mágica para tener ese efecto de ida y vuelta que provocaba en él, de una forma intensa, un bienestar abrumador. Y por fin la pronunció : ¡GRACIAS! Y se quedó extrañamemnte noqueado por los sucesos del día. Poco a poco se iba sumergiendo en un profundo y placentero sueño con imágenes deseadas. La paloma alzó su vuelo. La noche hizo su historia en Roma. El Mundo, siempre perpléjo, miró otros designios en su Universo . Se fue andando lentamente por las veredas de la gente encantadora, con el fin de salvar otras historias, sin rozar los desalientos y los imposibles de la debilidad. Fin.
La Ópera
LA ÓPERA
- *CON ALAS HACIA LOS PARAISOS PERDUTOS DE ESE ANDEN MAGESTUOSO DE LA VIDA* Hoy llueve a placer. Los portones del olvido se abren despacio. Chirriando sus enormes puertas y saliendo a tropel los recuerdos encerrados en esas estancias añejas. Los cristales te invocan a que mires tras ellos. La imaginación vé esos palacios emergentes. Los acaricias uno a uno yendo a los lugares exactos donde se fabricaron y respiraron. Y se siente los besos en tu piel ya madura. Y las caricas regaladas. Y otro beso y otra historia. Vuelvo a mirar de nuevo por otro resquicio de cristal lloroso. Humedezco los dedos para ver sobre el empañado mundo que me ofrece y veo cambios, cambios importantes. De pié me deleito. Absorto y distinto. Sé que sólo soy un hombre. Despierto y callado. Pero un hombre tocado por un cristal. Embebido por la historia de ésta tarde lluviosa. Esperando que se haga la comida. Que cese la lluvia, para irme definitivo, a los sitios donde fui feliz y quedarme allí eterno. Ya no estaría perdido. Ni solo. Casta Diva otra vez. El cristal ha bajado de su reino y ha cobrado forma. Yo me he convertido en un Ángel barato y vuelo. De alguna manera sobrenatural he traspasado el cristal y soy yo quién da caricias y besos a los recuerdos reunidos. El portón era demasiado grande para contener la ira y los deseos el placer y la alegría. Me empapo de lluvia. Miro sin mirar y vuelo sin volar. El cristal implora que vuelva. El se siente mejor sobre el quicio de la ventana. Su destino de siempre y definitivo. Pero no quiero. Me siento con sustancia suficiente para coger otro tren que se me presenta oportuno. Y vagar brillante por mis reinos antiguos. La comida real huele. Me llama. Implora mi presencia. Se ha terminado el veneno calido de esa ópera y me veo acariciando al cristal que llora. Y la realidad otra vez. Las confesiones. Mis enamoros por todo. Mi felicidad de Alma apaciguada como estrella que pesa. El camino presente que me apetece más que el de ayer. Así que lo dejo. La razón implora su despojo y añoranzas que me ofrece. Ahí inerte, dependiendo de un quicio. Encendido siempre. Pegado como peregrino andante, a sus historias. Imitador y provocador. Florecedor y cautivo. Lo dejo ya. Porque nunca se cansa de contar. Cristal viejo y lascivo aprende a vivir primero y déjame en paz por unos momentos. He cogido la autopista más próxima e invoco despacio, con amor y respeto, su nombre diciendo, arrastrando por mi boca, su nombre: Cristal...Cristal...Cristal.
Arañado y Fragil
¡ ENERO ! ARAÑADO Y FRAGIL.
- ¡ Pasajeros ! Pasajeros de un tren mestizo llévenme por su recorrido, por favor, aunque sea a rastras. Tu no estas bien, me dicen las lenguas negras y de nuevo cabalgaba sobre la desilusión del frio o el calor. Aquellas carreteras de antaño eran desvencijadas y estrechas, amorfas de película barata. Tenían un punto, ahora desde los recuerdos, de paraíso terrenal añejo y encantado. Aquel no estas bien lo llevaba a ella. Se sentaba a las sombras y esperaba algun coche de sur a norte o viceversa. Algunas tardes eran generosas y con una pequeña tiza blanca anotaba las matriculas y hacia sus quinielas. Le estoy dando las gracias esta tarde remodeladora a Kiri y su Bailero estremecedor, hasta el punto emocionante y cautivador, que sigo en esa maltrecha carretera del olvido sentado, bebiendo en una botella de casera un refresco de agua con zaras. Elixir predilecto. Vagando en las horas muertas sin nadie. Preocupado y sin cariños. Las canconas se burlaban, siempre sus hijos eran mejores que uno. No era mas que un enfermo de ideas contando matriculas. Siempre ganaba ese Madrid de los sesenta y a veces empataba con Sevilla cercana y deseada,Badajoz era imposibles, pero alguna hubo. En una de esas bardanzas, aquel niño de ojos negros, aceitunado y precioso, se le mando a un recado presuroso. Se abrieron sus cielos. Tronaron sin treguas sus mejores quimeras. Tenia que ir a la tienda por un saquito de lavar. Un betis. En su interior siempre había mágicos muñecos. Aquel día uno con paracaídas. El tiempo barnizador le echo sus soplos para que jugara. Aquel paracaídas voló sin igual aquella mañana de Enero. Compenetrados. Jubilosos. El juguete y el niño volaban en una sinfonía poseedora de sus sueños hechos realidad. Aquel doblaje perfecto y creible. Aquella escena marchita ahora y revivida en estas horas aun tempranas, se tradujo en días felices. En una doctrina solo para su niñez calmosa y esencial. Tannhauser me posee alegremente. Abanica mi alma solitaria en la madurez. Me eriza la piel. Transportándome son su orquestación, como cachiporrera hechizada que lleva a su reino sagrado las añoranzas de los niños buenos. Bienvenida pues. Esta tarde sin luna también. Gris apetecible. Busco adecuadas hazañas para entretenerme y quererme. Agradar. Volar en paracaídas deseado. Esta vez sin querer huir a OTROS REINOS La mayoría de edad impone a sus soldados interiores sean valientes para seguir en la batalla pasajera de la vida. Que bonito me siento. Elegiaco quizás. Todos los recuerdos en un decorado débil y bien elegido. Todos los amores bregan por salir triunfantes y ganadores. Pero no, no les dejo ganar la batalla de esta tarde. Anteayer quizás. Ahora esta todo clasificado en los archivos. Que hermosa Lucia di Lammermoor. Debí tenerla en aquella niñez para que me descalabrara cual Lucecita ciega y radiofónica. Que sinvivires aquellos. Sin respirar siquiera en los cuartos de costura. Silencios absolutos. Solo el hilvan sobre las costuras de la ropa y aquellas voces enlutándonos por días en el misterio de la pobre cieguita. Ahora me siento mas joven. Esta tarde me reconforta María, sale a escena con Casta Diva. Me derrito. Peso menos, buena terapia para los estragos que nos esperan estos días. Furtiva sale la Emoción a mi rostro. Se interesa por el acontecimiento de Enero y la dejo fluir encantada. Vuela blanca, transparente como caricias oportunas y se posa en mi piel de niño nuevamente. Narrador caucionado. Funcionario de la Historia. Querido por ella. Y contratado para sus jardines verdes y de hiedras cuando él lo quiera. Ahora cuenta nuevamente, en las horas del Tiempo, matrículas enfermizas y contaminantes. Hágase pues lo que deseas Historia. Esto sigue aburrido y a peor. Bienvenida, Tu che le vanitá, gracias Renata. Vengo de unos aposentos nunca vistos. Sus roces hieren mis recuerdos. Me aman sin amantes. Oyen mis suplicas y estoy preso. Encerrado en confines extraños. Por eso no estoy bien. Sigo enfermo. En mi mundo. Acariciando los arpegios y las melodías, por el espacio del Tiempo. El mío. Me pongo un frac. Digo un sortilegio para la Razón y no atino. Los fragmentos de la memoria me reconstruyen, pero la quiniela no toca. Renata Renata que haces? porqué rozas mi inútil piel? Porque lloro ahora? Nadie se queja ni me olvida cual vagabundo indeseado. La tarde decae como en un sueño cansado. Estas teclas pesadas son mareadas casi en penumbra por sus náufragos. Dedos marineros. Aprendices de nada. Que teclean educados. Desarticulados. Desorganizados. Melodías en un mar menor. Fronterizo con la Tierra. Nunca un Océano misterioso. Poseedor. Pero bueno...viva la mar cercana de los dedos. Majestuosa la Traviata se va despidiendo, conmigo al frente de este timón descalabrado por las tormentas de los deseos, nos vamos a otras ferias, con otras puertas que se entreabren gracias a los cariños generosos de sus moradores. Una Adriana pide un poco mas de limosna. Le he dado un manto verde de lanita, para que se de calor y un beso en esta tarde de Navidad. Le he dicho que pase a mis estancias y se reconforte con un café. Me ha dicho que no. Solo tres minutos y un pañuelo para limpiar mi emoción, me ha durado su visita y vaga ya por esa tarde singular con su desventura. Adiós pues. Gracias por tus horas. Tabernera del puerto. La noche de mi tarde añeja ha llegado. El viento brama seco. En unos segundos ha empezado a humedecerse y a templar su hombría poderosa.Cae pues la maldición de su poder. Que nadie ose salir del mundo ahora mismo. Las casas huelen al goteo de la lluvia. La calle sombría muestra sus regueros. Los alumbrados navideños mecen sus mensajes que mañana se iran al olvido. Oportuna, pues, las horas de esta primeriza noche lluviosa y fria, me abren de nuevo el loco mundo de la Ópera. Para un loco que acaba de hacer otra generosidad. Prestar un paraguas a una descarriada amiga que ha venido en auxilio, aun teléfono marchito. El mío. A llamar a un no menos descarriado amante que se ha perdido y no lo encuentra. Bendita la generosidad. Los suspiros de ella rescatados en mi casa, y unas afortunadas caladas de un chester prestado. La tengo detrás de mí, en silencio prohibido y no deseado por el narrador, pero las circunstancias aúnan mi deseo de seguir escribiendo en soledad y no puedo mientras Monserrat desgrana las lisonjas de sus hombres en El Rey que Rabió, que casualidad. Acaba de irse. Tampoco rabio yo. La soledad anuncia su buena presencia. Kiri acaríciame oportuna en mi semblante. Madrina engrasa bien las campanas para nuestra noche arrugada. Aun no ha venido pero seguro será Vieja y sabia. Kiri, Kiri veo los mundos otra vez, los deseados en las amplias llanuras de mi soledad. Esparce cuidadosa los castigos. Te los amontonaré si quieres. Se los llevará un Capitán. Con el plumin deseado le daré instrucciones. Una somatada adecuada para que no vuelvan a molestar. Pero no dejes de cantar. No ceses de revolotear aquí y allá. En esta noche rara de visitas. Tengo un árbol encendido y un molino de viento con sus aspas girando sobre un portal encantador. Kiri ven a verlos los apagaré sin deseos de hacerlo. Pronto. Me sumergiré en sabanas calidas, apagando la tenue luz de la noche. La farola interior que me alumbra. Para que sea negra absoluta. FIn.
- Temas 64 Duración 05h 29m Oida 440 veces
La Diva Nieve en el Sur
Etiquetas: Besos.
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