sábado, 9 de enero de 2010

Oro Líquido

ORO LÍQUIDO
  • * NO LE GUSTABA EL PASO DEL TIME* El Tiempo yacía simple. Sin esperanzas. Sin destino fijo y final. En un butacón de terciopelo rojo de un club de jazz, somnoliento y decadente, dejaba pasar las horas muertas. Con un traje a rallas y botines a la antigua, esperaba a su mejor amante que nunca llegaria. En su mano diestra, una larga carta de despedida, en la otra un laceroso y caliente Whisky. Unas aspas enfriaba lo imposible. La cantante de jazz desgranaba, certera, los lamentos. Con un suspiro y derrotado leyó por décima vez aquella lanza venenosa, directa a su perversidad inmortal: Querido: En mi cuerpo y alma, se detiene desterrada, mi frágill soledad. El blues áspero ingiere nuestras horas, en pasajes del recuerdo. Nos enredamos fieles, tú y yo, en aquel presente, arañándonos sin piedad, los anhelos resbaladizos. Encontré tu camino histórico, y allí me tuvistes, amarrado, transformado a tu antojo. Debí amarte deprisa, mis sueños melancólicos y confusos, se removían ágiles, en la reserva fiel de mis cosas favoritas. Hoy he salido contento. Te he comprado una postal donde salgo de niño, en mi viaje al Paradiso Perduto, que con esta carta, es mi despedida triunfante.. Oigo tus melodías vigorosas, que me desbordaron adecuadas, cual náufrago solitario. Tú que fuiste abrazado por las nanas azules de mis palabras sinceras, en nuestra tierra fértil. Tú que sacaste los pájaros paganos de mi alma. Quedarás en mi partida en silencio. Te miré frente a frente, a esa tu intensidad profunda, erizando mis razones y mi piel. Apagaste las estrellas lejanas, para estar juntos. Trajiste las hojas dipsomanas del otoño durmiente, de otros reinos inconfesables, para mí, para nosotros. para nuestro camastro, y en medio de tantos sueños y quimeras, me empezastes a invocar, a transformar, a ser útil, a herir mi finísima textura complaciente y complacida, que me daba la vida. Esos arribistas eran cada vez peor en sus paraísos falsos, y me rescataste prudentemente para salvarme. Fui fuerte en mi ilusión, creyéndote. Derrotando el vértigo de las dudas y la complacencia del los pecados faciles. ¿ Que me distes ?. Cambios. Cambios sutiles y confusos para mí. Acariciabas mi cuerpo rescatado, como fantasma oportuno. Me dabas placeres a bocanadas. Deleitable tu tacto. Nos enredamos sudorosos en tus sábanas trenzadas de fino engaño. De sueños pasajeros. Esas solitarias estancias, gemían, hervían, copulaban con graciosa voluntad, al vernos desnudos. Mientras íbamos rozando los abismos posibles e imposibles de nuestra memoria y deseos. Con aliento de menta susurrabas tus condiciones. Oportuno granuja bendito. Don Juan infiel, convirtiendo mi carne alucinada, en imágenes irónicas y macilentas. Desprendíste de mí, mi soledad, huella fértil y creadora. Marioneta temblorosa y de cuerdas de papel fui. Amante cantor, en nuestras horas perdidas, ignoradas, luminosas..presagios de tu bola de cristal legítimo, escupian tus malabarismos, manjares exquisitos salidos de tu tómbola bulliciosa y pasajera para nada. Para el fin. Tu tono suave, sofisticado, engañoso, burlón y peregrino, me citó en la cabaña histórica, de tantas puertas con corrientes, de entradas y salidas, sin saber, sin comprender, de tu cabaña con faro y mar turbulento. ¿ Como no me dí cuenta ? Exhaló mi ilusión por tí. El melancólico blues de tu casino barato, ya no me cautivaba. Están en los sueños de mis sombras. Tu realidad infiel no me gusta; no me sugiere. Te pudo pasar a tí. Pero vendiste tu alma al peor postor. Las campanas de aquellas medias noches tocaban a esos triunfos extraños, no significaban nada. Solo eran bailes agitados, entre leones enredados y castigados por las habladurías vulgares. Nosotros. Gritaban las esquinas aburridas, sellando nuestras perdiciones. Y nos reíamos hambrientos. Riendo con el sudor perlado de nuestros cuerpos en la fragilidad de las horas. De la noche. De los destinos tan distintos. Los nuestros. Te pedí el blus desgarrador. Lo necesitaba. Te esperé y no llegaste. Llamé a los vientos suaves. Imploré en nuestras sabanas áridas, a los dioses. Puse mi alma en espera, por tí. Y me cambiaste. Me enredaste. Todo lo que sería, lo supiste y no dijiste nada. Mi hogar se hizo de sueños engañados. Los tuyos. Tu vesánico hacer. Tu triste abrázame, hiriente y postizo, que asco!! ¡¡ Que pena !! El canto de los afligidos me llama, volviéndose noche. El sol se puso en mi sur, y tú loco abrasador inundas de lágrimas mis estancias luminosas. _ Encantado seré tu amigo! Me dijiste, en mi mejor juventud. Eres justo mi tipo. Portémonos mal, mordiéndonos de amor las entrañas solitarias. Y piqué. Cedí voluntarioso. Te amé y te ofrecí. Cabrón tortuoso. Te pedí me dieras aquel doceavo beso que tanto esperé e imaginé para que? En tu pasaje fértil tus agradables huellas , me hacían temblar, trazando ilusiones sin desvanecerme y me aburrí de esperar. Como tú quieras amigo ilusionista, siempre azacanado, sin exilio pactado, yo te seré fiel. Te dije confiado. Me volviste loco, con tus cosas tontas. Saldé mis confesiones triviales para seguirte. El quid que deseabas. Pasaste como cometa fugaz y me cambiaste sin avisar, por otro amante incauto. Soñador sin remedio. Abrazado querrá ser. Me retiré de tu circo llevándome a la eternidad los puros e impuros retazos de mi vida en ti. Tu tacto febril escribió una recomendación a mi favor, gracias. Te esperaré, si lo deseas en los minaretes cubiertos de hiedra donde se divisa lo que ya sabes. Con mi plegaría esbelta y austera pasaré los días en esos confines verdes. Ya no te deseo gracias por todo. Que te vaya bien. Dejó de beber. Ya ebrio y triste miró por los acantilados del jazz furtivo. Dejó caer el manuscrito de despedida, cerró los ojos y unas tenues lágrimas cayeron prontas sobre su inmaculado traje. El saxo tenue y febril balanceaba los destinos del Universo. La bella cantante agarraba el micro y relajaba más la voz. Los perpetuos humos enviciaban al local barato del Tiempo. Este yacía mortal sobre la moqueta roja y un manuscrito largo y sincero pedía auxilio para que los vientos de la noche no se lo llevaran. La bella recogió de un rincón, embadurnado de besos y perdón con múltiples letras sangrantes, un largo papel. Guardó su contenido en un sobre azul que había sobre un butacón de terciopelo rojo. Apagó las luces y se fue

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