Dejamos la merienda sobre el tronco. Me entretuve con mi yoyo de madera. Él fumaba, Miraba aquí y allá. Se levantaba volvia a sentarse. Aburrido quizás. Inesperadamente me preguntó si leia y le dije que iba a la biblioteca a leer los tebeos. Me dijo si queria ver una revista y le dije que bueno. Se sacó de su pecho una revista pequeña que la ojeó primero. Empezo a mirarme inquieto. Yo lo encontraba bello. Me dijo si quería ir a la casa por agua, le dije que no, el dijo, bueno, mantente callado, voy a enseñarte la vida, se desabrocho la camisa, y se palpo la entrepierna, en aquel momento intuí algo grandioso, mi cuerpo se excito deseoso, experimente una sensación que me hacia enrojecer las mejillas, quería fundirme con la naturaleza de septiembre y mis sueños eternos. Somos hombres verdad? Si, le contesté yo,. Que quede entre nosotros. Y me enseñó aquella revista. Un cura confesando a una monja. Despues pechos descomunales. Un pene asombroso. Bellos. Desnudos completos. Culos y miradas viciosas. Me hizo sostener esa revista, mientras se sacaba su pene y lo floraba suavemente. No tengas miedo. No, decia yo, quería fundirme con él, tocarlo, comermelo, pero algo me lo impedia, seguía pasandole las paginas y en un momento determinado me aparto violentamente, tire la revista y el se hecho para un lado jadeando, le vi el culo y me sumergí en deseos muy profundos. Acto seguido se vistio todavia poseido y me dijo: Perdoname, esto entre nosotros. Vale dije yo. Despues me asome a algo blanquecino y gelatinoso que habia echado de su pene y me conto que eso era la vida y de ahí veniamos, se llama cuajarones, fue su palabra, hoy en dia es semen queda más fino. Murió en una carcel Juan Manuel. Siempre desee que viniera. Nunca mas vino. Y cuando me masturbaba en su tiempo correcto de hombre ya 16 0 17 años, me venía a la imaginación su figura, su vientre terso, aquella revista ingenua que años mas tarde las vería con otras historias,... los vientos calidos del verano, sus aromas y sus luces ya no volverian con aquella intensidad tan perturbadora de aquella tarde con él, el olvido nos segó, hasta este momento que revivio para tí la historia sagrada de una biblia deseada pero mal escrita. Saludos.
viernes, 8 de enero de 2010
Tercera Parte
Aniana, que así se llamaba, se instaló en la salita donde estaba la radio, para mas inri, con su hija. Por las noches lloraba mucho y a mi se me antojaba que queria comersela empezando por los pies, era tonta la pobre, se levantaba mi madre, mi abuela para ver esos lloros, una vez dije en voz alta: - Ya se la ha comido? Y me propinaron algunos y buenos guantazos en la boca que me ardía. Pues por fin llegó el día de conocer al misterioso hijo del pecado, Juan Manuel, no me parecía como el padrastro, pero tenía un punto canalla, el pecado los fabrica asi. Yo lo miraba con entusiasmo y deseos que nacian en mi en contadas ocasiones. Mis trastadas seguian y los nervios de todas ellas y las ferias a flor de piel, requerian otras atenciones en la cocina y yo era abandonado a mi suerte y requerido solo para las comidas y cenas, asi que casi siempre vagaba por mis sueños abandonados. Una tarde mi abuela sugirió que diera un paseo con él, hacia la cerca. Siempre he imaginado que ellos pensaban que yo no era normal, ni jugando, cosa mas estupida y descabellada, pero pensaban asi. Asi que creo que lo que voy a contarte ahora era fruto de sus maquinaciones con el errante pecador, para que me bajara a la tierra de ellos y no estuviera siempre en la luna, querian hacerme muy temprado hombrecito y no un mamarracho. Aprender al fin y al cabo. Trotando pues y moribundo cual Antigona por su rey malvado, prepararon la merienda y me quitaron del medio y me fui con él, enseñandole los caminos tediosos donde iba al campo, el me acariciaba la oreja, me decía que tenia un radiocastte donde se ponia musica. Yo pense que era como mi radio, pero no, era mas extraño y cautivador, nunca lo habia visto, a estas que llegamos a la cerca. Las higueras estaban esplendidas y rebosantes de higos. Me hacía mil preguntas, hasta que nos instalamos en una de ellas, lejos del camino, a la sombra de un septiembre que me iba a dar mas banderines para mi fiesta en el doblado, y colgarlos de lado a lado imaginandome que era la calle principal con sus alumbrados majestuosos, que se quedaba en el de la ventana pequeña que daba a la calle. Pero no quiero olvidar a Juan Manuel y perderme en otros vericuetos ....
Segunda Parte
Mi abuelo se fue unas casas más arriba con otros hombres. Para quitarme los miedos de mi visita al doblado, me fui a la salita de estar donde habia una impresionante radio, me parecia lo mas de lo mas, con muchos botones y teclas, donde se leía Roma, Paris, Madrid, Barcelona, El Cairo etc...la enchufe y navegué ingenuo por sus mundos hasta encontrar lo deseado, solo música. Despues abrí el arca de la abuela, y sus trapos, colocandomelos sobre la cabeza y el cuerpo, me iba al corral, cogía una fregona, que era mi lanza, y batallaba con las marisuñas del pozo, con los fantasmas del tinaón, miedos inculcados por los mayores, porque era muy aficionado a robar los huevos de las gallinas y estamparlos contra el enemigo imaginario, y sus calculos de huevos, pues, no les cuadraba. La casa seguía acariciada por los velos, quizas, estremecedores de alguna ópera o melodías sugestivas. En el corral un guerrero noble iba oscureciendo al enemigo, mientras las estrellas callaban mi batalla, protegiendome de algun guantazo inmerecido de mi padre o un tiron de orejas de mi abuela porque veía anomalias en su arca. Dejaba todo y me sumergia en el espacio de la salita de coser, donde majestuosa, imponia su poder, a todos los huespedes que osaran pisar su territorio sagrado, la radio. Emitia una luz amarillenta, me tumbaba en el suelo, mirandola de frente, rendido por las batallas, escuchandola cual fiel pupilo y quedandome dormido, feliz y dormido. Dias despues supe que iban a venir unos parientes de Badajoz, una sobrina de mi abuelo materno, con un hijo que tuvo de soltera. Ella era fea, con un punto de estupidez en su persona, que se me antojaba retrasada y no iba mal encaminado. Una niña pequeña de su matrimonio ya formal y un marido divino y deseado por mi, que era encantador, de ojos arrebatadores y grandes y que solia traer una cámara de fotos para hacer perenne y para la posteridad , los recuerdos de mis 8 años , tenía un tic en el rostro y tartamudeaba un poco, me enamoré de él incluso estudiando de mayor el Badajoz iba a buscarme al internado, pero esas son otras historias....
El Interprete y el Onanista
Siempre venían a la casa de los abuelos, gentes, parientes de fuera. En fechas señaladas. Esta historia recrea un momento de ese niño interprete y amante de las historias mas bellas de su imaginación. Disfrutala Capitan.
El antifonario de la abuela, yermo sobre su mesita de noche, esperaba recobrar la vida junto al rosario de nacar y un velo negro de tacto desagradable, que se ponía en la cabeza para ir a la novena de la Virgen de Tentudia. El Yayo, mientras la abuela se perifollaba, preparaba una copa de tinto y unas barajas de cartas, esperando a sus vecinos en el umbral de la calle de una tarde cualquiera de verano, tarde de septiembre. La casa sosegada, sin mujeres, sin nadie que lo molestara, con las penumbras y sombras de ese decaer peculiar del verano sobre el interior de la estancia, era el momento oportuno para el niño, yo, la hora señalada para seguir descubriendo. La bodega me imprimia miedos y respeto, repleta de todo, se avecinaba visitas, y mi alegría era maxima. Los doblados silenciosos y misteriosos me producian un alboroto de sensaciones, mezcla de miedos y algarabia, subia los escalones, un o a uno, tentando quizas a las maldiciones, se me comprimia el corazón, se agitaban los deseos, subia lentamente hasta el final donde una ventana pequeña que daba a la calle, me quitaba el remiedo porque veía la luz, pero allí, en los maderos con goteras colgaria los banderines de la feria ya proxima, allí haría un banquete de niño despues de los penosos dias posteriores a la feria, nunca me gusto se terminara e imaginaba como sería este año y a quien invitaria y como arrancaria los banderines sin que los municipales me regañaran. Mientras tanto recorria las otras naves. El cajon del picón semi vacio. Ristras de ajos. Costales amontonados. Muebles desvencijados etc siempre lo mismo... y ya bajando hacia la casa otras dos estancias con claraboya, donde nunca me metia porque rozaba con la cabeza y habia muchas telarañas y me daban asco y miedos profundos, habia muchos cacharros que no llamaban mi atención. Cerraba la puerta del doblado y me aventuraba por las habitaciones de los mayores, sus roperos y arcas, mesitas y tocadores...
El antifonario de la abuela, yermo sobre su mesita de noche, esperaba recobrar la vida junto al rosario de nacar y un velo negro de tacto desagradable, que se ponía en la cabeza para ir a la novena de la Virgen de Tentudia. El Yayo, mientras la abuela se perifollaba, preparaba una copa de tinto y unas barajas de cartas, esperando a sus vecinos en el umbral de la calle de una tarde cualquiera de verano, tarde de septiembre. La casa sosegada, sin mujeres, sin nadie que lo molestara, con las penumbras y sombras de ese decaer peculiar del verano sobre el interior de la estancia, era el momento oportuno para el niño, yo, la hora señalada para seguir descubriendo. La bodega me imprimia miedos y respeto, repleta de todo, se avecinaba visitas, y mi alegría era maxima. Los doblados silenciosos y misteriosos me producian un alboroto de sensaciones, mezcla de miedos y algarabia, subia los escalones, un o a uno, tentando quizas a las maldiciones, se me comprimia el corazón, se agitaban los deseos, subia lentamente hasta el final donde una ventana pequeña que daba a la calle, me quitaba el remiedo porque veía la luz, pero allí, en los maderos con goteras colgaria los banderines de la feria ya proxima, allí haría un banquete de niño despues de los penosos dias posteriores a la feria, nunca me gusto se terminara e imaginaba como sería este año y a quien invitaria y como arrancaria los banderines sin que los municipales me regañaran. Mientras tanto recorria las otras naves. El cajon del picón semi vacio. Ristras de ajos. Costales amontonados. Muebles desvencijados etc siempre lo mismo... y ya bajando hacia la casa otras dos estancias con claraboya, donde nunca me metia porque rozaba con la cabeza y habia muchas telarañas y me daban asco y miedos profundos, habia muchos cacharros que no llamaban mi atención. Cerraba la puerta del doblado y me aventuraba por las habitaciones de los mayores, sus roperos y arcas, mesitas y tocadores...
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