viernes, 8 de enero de 2010

Tercera Parte

Aniana, que así se llamaba, se instaló en la salita donde estaba la radio, para mas inri, con su hija. Por las noches lloraba mucho y a mi se me antojaba que queria comersela empezando por los pies, era tonta la pobre, se levantaba mi madre, mi abuela para ver esos lloros, una vez dije en voz alta: - Ya se la ha comido? Y me propinaron algunos y buenos guantazos en la boca que me ardía. Pues por fin llegó el día de conocer al misterioso hijo del pecado, Juan Manuel, no me parecía como el padrastro, pero tenía un punto canalla, el pecado los fabrica asi. Yo lo miraba con entusiasmo y deseos que nacian en mi en contadas ocasiones. Mis trastadas seguian y los nervios de todas ellas y las ferias a flor de piel, requerian otras atenciones en la cocina y yo era abandonado a mi suerte y requerido solo para las comidas y cenas, asi que casi siempre vagaba por mis sueños abandonados. Una tarde mi abuela sugirió que diera un paseo con él, hacia la cerca. Siempre he imaginado que ellos pensaban que yo no era normal, ni jugando, cosa mas estupida y descabellada, pero pensaban asi. Asi que creo que lo que voy a contarte ahora era fruto de sus maquinaciones con el errante pecador, para que me bajara a la tierra de ellos y no estuviera siempre en la luna, querian hacerme muy temprado hombrecito y no un mamarracho. Aprender al fin y al cabo. Trotando pues y moribundo cual Antigona por su rey malvado, prepararon la merienda y me quitaron del medio y me fui con él, enseñandole los caminos tediosos donde iba al campo, el me acariciaba la oreja, me decía que tenia un radiocastte donde se ponia musica. Yo pense que era como mi radio, pero no, era mas extraño y cautivador, nunca lo habia visto, a estas que llegamos a la cerca. Las higueras estaban esplendidas y rebosantes de higos. Me hacía mil preguntas, hasta que nos instalamos en una de ellas, lejos del camino, a la sombra de un septiembre que me iba a dar mas banderines para mi fiesta en el doblado, y colgarlos de lado a lado imaginandome que era la calle principal con sus alumbrados majestuosos, que se quedaba en el de la ventana pequeña que daba a la calle. Pero no quiero olvidar a Juan Manuel y perderme en otros vericuetos ....

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