viernes, 8 de enero de 2010

Por fin el Onanista

Dejamos la merienda sobre el tronco. Me entretuve con mi yoyo de madera. Él fumaba, Miraba aquí y allá. Se levantaba volvia a sentarse. Aburrido quizás. Inesperadamente me preguntó si leia y le dije que iba a la biblioteca a leer los tebeos. Me dijo si queria ver una revista y le dije que bueno. Se sacó de su pecho una revista pequeña que la ojeó primero. Empezo a mirarme inquieto. Yo lo encontraba bello. Me dijo si quería ir a la casa por agua, le dije que no, el dijo, bueno, mantente callado, voy a enseñarte la vida, se desabrocho la camisa, y se palpo la entrepierna, en aquel momento intuí algo grandioso, mi cuerpo se excito deseoso, experimente una sensación que me hacia enrojecer las mejillas, quería fundirme con la naturaleza de septiembre y mis sueños eternos. Somos hombres verdad? Si, le contesté yo,. Que quede entre nosotros. Y me enseñó aquella revista. Un cura confesando a una monja. Despues pechos descomunales. Un pene asombroso. Bellos. Desnudos completos. Culos y miradas viciosas. Me hizo sostener esa revista, mientras se sacaba su pene y lo floraba suavemente. No tengas miedo. No, decia yo, quería fundirme con él, tocarlo, comermelo, pero algo me lo impedia, seguía pasandole las paginas y en un momento determinado me aparto violentamente, tire la revista y el se hecho para un lado jadeando, le vi el culo y me sumergí en deseos muy profundos. Acto seguido se vistio todavia poseido y me dijo: Perdoname, esto entre nosotros. Vale dije yo. Despues me asome a algo blanquecino y gelatinoso que habia echado de su pene y me conto que eso era la vida y de ahí veniamos, se llama cuajarones, fue su palabra, hoy en dia es semen queda más fino. Murió en una carcel Juan Manuel. Siempre desee que viniera. Nunca mas vino. Y cuando me masturbaba en su tiempo correcto de hombre ya 16 0 17 años, me venía a la imaginación su figura, su vientre terso, aquella revista ingenua que años mas tarde las vería con otras historias,... los vientos calidos del verano, sus aromas y sus luces ya no volverian con aquella intensidad tan perturbadora de aquella tarde con él, el olvido nos segó, hasta este momento que revivio para tí la historia sagrada de una biblia deseada pero mal escrita. Saludos.

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