Siempre venían a la casa de los abuelos, gentes, parientes de fuera. En fechas señaladas. Esta historia recrea un momento de ese niño interprete y amante de las historias mas bellas de su imaginación. Disfrutala Capitan.
El antifonario de la abuela, yermo sobre su mesita de noche, esperaba recobrar la vida junto al rosario de nacar y un velo negro de tacto desagradable, que se ponía en la cabeza para ir a la novena de la Virgen de Tentudia. El Yayo, mientras la abuela se perifollaba, preparaba una copa de tinto y unas barajas de cartas, esperando a sus vecinos en el umbral de la calle de una tarde cualquiera de verano, tarde de septiembre. La casa sosegada, sin mujeres, sin nadie que lo molestara, con las penumbras y sombras de ese decaer peculiar del verano sobre el interior de la estancia, era el momento oportuno para el niño, yo, la hora señalada para seguir descubriendo. La bodega me imprimia miedos y respeto, repleta de todo, se avecinaba visitas, y mi alegría era maxima. Los doblados silenciosos y misteriosos me producian un alboroto de sensaciones, mezcla de miedos y algarabia, subia los escalones, un o a uno, tentando quizas a las maldiciones, se me comprimia el corazón, se agitaban los deseos, subia lentamente hasta el final donde una ventana pequeña que daba a la calle, me quitaba el remiedo porque veía la luz, pero allí, en los maderos con goteras colgaria los banderines de la feria ya proxima, allí haría un banquete de niño despues de los penosos dias posteriores a la feria, nunca me gusto se terminara e imaginaba como sería este año y a quien invitaria y como arrancaria los banderines sin que los municipales me regañaran. Mientras tanto recorria las otras naves. El cajon del picón semi vacio. Ristras de ajos. Costales amontonados. Muebles desvencijados etc siempre lo mismo... y ya bajando hacia la casa otras dos estancias con claraboya, donde nunca me metia porque rozaba con la cabeza y habia muchas telarañas y me daban asco y miedos profundos, habia muchos cacharros que no llamaban mi atención. Cerraba la puerta del doblado y me aventuraba por las habitaciones de los mayores, sus roperos y arcas, mesitas y tocadores...
viernes, 8 de enero de 2010
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