sábado, 9 de enero de 2010

Cuerpo Asaetado de Dudas

EN EL CUERPO ASAETADO DEL BLUS:¡ SUSPIROS...!
  • CALOR Y MISTERIO: Pasea diminuto un avión, por el cielo incandescente y sagrado del verano romano. Izharin lo persigue con la mirada, tocando su panza con el dedo índice. No se hace a la idea aún de que su pareja ha muerto. - ¿Dónde está el amor? ¡Ese que riega los conductos de la soledad! Que sale al encuentro de la felicidad primeriza y pura.¿Dónde estás?¿Porqué me siento inmensamente solo? Se desvanece el avión en un horizonte aspero y neblinoso. De una calima extraña. Como si estuviese llorando el mismo. Los efectos del calor seguramente. Llora profuso. Desconsolado. Ido del mundo. Se sienta sobre el borde de la cama. Un pequeño tocadiscos le hace compañía sobre una mesita imperio. Al lado seis frascos de somníferos Nembutal. Una botella de whisky y ocho cigarrillos que desea devorar en su decisión final : Irse con él. Con su amado. Él ya no está. No es posible. Hace unas semanas estaban en España. En un chequeo rutinario detectaron un bultito en el colon. Los médicos en un aparte le dijeron: _ ¡Fase cuarta, Izharin, muy avanzada! Quizás unas semanas. Resígnese. No hay antídoto. Sufrirá poco. Lo sentimos. Dejó de pensar en positivo. Su amor de toda la vida se iba. Sus bellos trabajos por el mundo se desintegraban. Volaban fugaz como ese avión diminuto por los cielos neblinosos. Lo dejaba demasiado pronto. Injustamente pronto. Treinta años. Los planes de ambos se esfumaron. Será mejor terminar cuanto antes. Quería estar un ratito más sobre la cama. Contemplando la mesita poderosa que le daría el fin. Envuelto en recuerdos de tardes resplandecientes. Visitando los mejores museos del mundo, para restaurar los trabajos más jugosos y prioritarios. Solo ellos. El mundo de ellos. De dos exquisitos y nobles caballeros. De amantes con corazón. Generosos. Altruistas. Comprometidos.Ya nada era igual. Todo olía a mentira gorda. Se echó de espaldas sobre la cama. Percibía su olor. El sabor de sus besos. La justa caricia de sus manos. Solo le bastaba cerrar los ojos y advertir mil sensaciones de él. Con él. Los besos lentos sobre las fronteras de la carne templada. El tacto apaciguador de los susurros respetuosos. La mejor terapia. El amor. El tintineo de las copas al brindar un deseo. O un éxito. El paso de un día cualquiera. Las risas de los mil juegos para pasar la tarde de los Domingos. El olor de su ropa limpia. Las miradas fijas recorriendo libres los contornos del deseo. Los suyos. Y ahora no estaba. No había nadie. Solo él como despojo inútil. Un Izharin cobarde. Sin fé. Nunca la tuvo. Él si la tenía. Y le gustaba escucharlo en esas divagaciones filosóficas. Con hermosas palabras. Con ya la encontraras tiempo al tiempo. Estamos de paso. Le encantaba. Pero ahora solo con estancias vacías que adquirían su forma. Con recuerdos mezclados. Sinuosos. Una habitación seca y miserable. El murmullo exterior de la ciudad santa. Roma eterna y pomposa. Las entradas para un partido, ya sin sentido. Se incorporó de la cama lento. "_¡ Cambiaaa lo que tengaasss que cambiarrr! Creyó oír desde el baño esa voz. ¿Qué podría cambiar ahora? Los sabores del amor, del éxito? Solo por tenerlo de nuevo a él ¡ Sí eso quiero! Quiero irme cuanto antes para estar con él. Vaga ilusión. Deseo cobarde. Decisión desastrosa. La vida sigue. El mundo está ahí a tus pies. Sigue Izharin. Tienes talento,. Dones. Generosidad. Nada lo consolaba. Las divagaciones no entraban en su lógica. Los cigarrillos desaparecían sin piedad. El whisky hacía su efecto. El nembutal, pastilla a pastilla. iba siendo ingerido con lágrimas hermosas. Todo terminaría en unos instantes. La penuria que alfombraba el paso de sus recuerdos desaparecería pronto. Un reloj toca los cuartos a mucha distancia. Mira su reloj de pulsera. Un rolex regalado por él. Las nueve y cuarto de una mañana de comienzos veraniegos. Un día que pudo ser brillante y ahora es embotado. Se aturde por momentos. Empieza a ingerir más. Un timbre suena y resuena con insistencia en el apartamento. No importa quién sea. No estoy para nadie. Pronto se acabará todo. Dejen de tocar por favor. Farfullaba en una inconsciencia borracha. Suena y suena. Le martilleaba los oídos. No lo soporta. Se levanta furioso hasta la puerta de entrada. Abre tambaleándose. No hay nadie. Maldita sea. Al cerrar la puerta arrastra algo con los pies. No vé claramente. Se agacha. Coge un pequeño sobre. No hay remite. De color extraño. Su textura es diferente. Lo abre y lee. No conoce a nadie en Roma. No espera a nadie en Viernes. La sirvienta libra hoy. Se atusa el pelo confuso. _¡ Seguramente se han confundido de puerta! " Espérame en la sinagoga" Era el escueto mensaje del sobre extraño. Su desconsuelo era total. El tocadiscos voló por los aires. Los minutos, hirientes, confusos. El mensaje absurdo. Los recuerdos amontonados en su retina, dolorosos, insoportables. Deshace la cama de forma violenta. Muerde las sábanas con angustia. Destroza todo lo que toca. Y ese maldito mensaje sin sentido. Mira por la ventana tambaleandose, con náuseas, Roma no le sugiere. Maldito cáncer. Maldito todo. Huérfano. Convicto de ninguna guerra. Solo la del amor que ya no estaba. El Tiempo retorcía implacable sus entrañas. Arrugó el papel con el escueto mensaje y se repuso. Esa nota era más poderosa que su inminente muerte. Fue al baño. Se entró los dedos en la boca y despachó a gusto esa eternidad que lo esperaba rápido en la oscuridad, quizás, de lo desconocido. Se duchó con agua fría. Se puso unos tejanos. Una camisa de lino y deportivas cómodas. Cruzando los brazos sobre sus hombros imaginó un abrazo de él. Sobreponiéndose dijo: _ ¡Ayúdame!. Se marchó del apartamento, camino de la sinagoga del mensaje. Pasó por las escalinatas de la Plaza de España. Más recuerdos hirientes. Paró un taxi y le indicó mareado el sitio señalado. Al llegar no había nadie conocido. Gente extraña. Turistas. Palomas en una fuente charlando sobre sus cosas. Arrullando con pasos cortos sobre la historia del mundo. Un restaurante pequeño acababa de abrir. Lo miraba todo con nostalgia, rabia y dolor. Sus pasos lo condujeron rápidos hasta la sinagoga. Recordaba muy bien que había pertenecido a una orden templaria. Ya no le importaba nada su cultura. Entró sin ganas. Miró a su alrededor. El recinto era fresquito. Cuantos recuerdos agolpados. Galopando en esos instantes. Escapados del mundo. Engullidos por Roma y sus rincones. Olores. Promesas. Futuro.!! Jurándose ambos amor eterno. Siempre amor. Una paloma se mete en la estancia. Arrulla nerviosa. Intenta echarla. Ésta vuela hacía lo alto de la cúpula central. Izharin observa. No ve a nadie. Se está dando la vuelta para marcharse. Bromas tontas se dice. Oye voces. Se gira. Los susurros nombrándolo se meten en sus oídos. Piensa que es el efecto aún de las píldoras y el whisky. Todo es turbador. No sabe donde mirar. De dónde provienen los susurros. Pide clemencia. En lo alto de la cúpula central ve una luminosidad. Unos focos quizás? Debe ser el colocón, piensa. El cansancio hace mella. Esas formas alargadas, luminosas, casi etéreas, esa luz que cimbrea en el espacio. De allí provenía los susurros con su nombre. Miró poseído fijamente a la luz que bajaba hacia él. Notó un calor que lo tomaba por segundos. Un olor cautivador a jardín de millones de flores. Por sus pies notó una invasión,interna, que iba subiendo poseyéndolo y aniquilándolo. _ Izharin soy yo no temas. Creyó volverse paranoico en aquel sitio. Ante sus ojos, tenía una mirada resplandeciente que lo miraba. Eran aquellos ojos grandes y marrones que tanto le gustaba. Su corazón atacado por décimas de segundos, limpiado, reestructurado, quitado los dolores y rescatando una fe que no poseía minutos antes. Se sentía restablecido, alegre, esos tentáculos luminosos, como pulpo insaciable venido de las profundidades abismales de la mar desconocida, seguían su curso por el cuerpo de Izharin. De pronto contempló una figura entera a un palmo de sus narices. Era él. Mourat en su inmensa eternidad. Consolándolo y dándole fuerzas. No lo resistió más y se desplomó cual bambalina delicada hacía un suelo que lo sostuvo. Son las tres de la tarde. Una enfermera espera el despertar del paciente que ya no delira. _¿Donde está?_¿Quién? Responde la enfermera. _Se desmayó en la basílica. Está usted agotado, pero bien. Puede marcharse cuando lo desee._ Habrá sido el calor. Murmuraba extraño. No recuerda casi nada. Solo un golpe en el corazón. Como un soplo eléctrico que se introdujo en él. Una nueva vida en su vida. Se siente feliz. Al llegar a casa todo está ordenado. Las píldoras han desaparecido. La botella de alcohol. Su mal humor. Se siente distinto. Fuerte. Una paloma está sobre el alfeizar de la ventana. Toda la estancia huele a flores. Ahora comprende. Su fe vino a salvarlo a él. El mensaje. Todo cobraba razón ahora. Otros mundos son posibles. La rica vida terrenal engrandece con el tiempo y espera paciente ese otro mundo diverso y eterno. El era bueno y noble. Abrió la cama para acostarse. Miró una foto de ellos dos en España y quiso pronunciar una vez más la palabra mágica para tener ese efecto de ida y vuelta que provocaba en él, de una forma intensa, un bienestar abrumador. Y por fin la pronunció : ¡GRACIAS! Y se quedó extrañamemnte noqueado por los sucesos del día. Poco a poco se iba sumergiendo en un profundo y placentero sueño con imágenes deseadas. La paloma alzó su vuelo. La noche hizo su historia en Roma. El Mundo, siempre perpléjo, miró otros designios en su Universo . Se fue andando lentamente por las veredas de la gente encantadora, con el fin de salvar otras historias, sin rozar los desalientos y los imposibles de la debilidad. Fin.

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