sábado, 9 de enero de 2010

Arañado y Fragil

¡ ENERO ! ARAÑADO Y FRAGIL.
  • ¡ Pasajeros ! Pasajeros de un tren mestizo llévenme por su recorrido, por favor, aunque sea a rastras. Tu no estas bien, me dicen las lenguas negras y de nuevo cabalgaba sobre la desilusión del frio o el calor. Aquellas carreteras de antaño eran desvencijadas y estrechas, amorfas de película barata. Tenían un punto, ahora desde los recuerdos, de paraíso terrenal añejo y encantado. Aquel no estas bien lo llevaba a ella. Se sentaba a las sombras y esperaba algun coche de sur a norte o viceversa. Algunas tardes eran generosas y con una pequeña tiza blanca anotaba las matriculas y hacia sus quinielas. Le estoy dando las gracias esta tarde remodeladora a Kiri y su Bailero estremecedor, hasta el punto emocionante y cautivador, que sigo en esa maltrecha carretera del olvido sentado, bebiendo en una botella de casera un refresco de agua con zaras. Elixir predilecto. Vagando en las horas muertas sin nadie. Preocupado y sin cariños. Las canconas se burlaban, siempre sus hijos eran mejores que uno. No era mas que un enfermo de ideas contando matriculas. Siempre ganaba ese Madrid de los sesenta y a veces empataba con Sevilla cercana y deseada,Badajoz era imposibles, pero alguna hubo. En una de esas bardanzas, aquel niño de ojos negros, aceitunado y precioso, se le mando a un recado presuroso. Se abrieron sus cielos. Tronaron sin treguas sus mejores quimeras. Tenia que ir a la tienda por un saquito de lavar. Un betis. En su interior siempre había mágicos muñecos. Aquel día uno con paracaídas. El tiempo barnizador le echo sus soplos para que jugara. Aquel paracaídas voló sin igual aquella mañana de Enero. Compenetrados. Jubilosos. El juguete y el niño volaban en una sinfonía poseedora de sus sueños hechos realidad. Aquel doblaje perfecto y creible. Aquella escena marchita ahora y revivida en estas horas aun tempranas, se tradujo en días felices. En una doctrina solo para su niñez calmosa y esencial. Tannhauser me posee alegremente. Abanica mi alma solitaria en la madurez. Me eriza la piel. Transportándome son su orquestación, como cachiporrera hechizada que lleva a su reino sagrado las añoranzas de los niños buenos. Bienvenida pues. Esta tarde sin luna también. Gris apetecible. Busco adecuadas hazañas para entretenerme y quererme. Agradar. Volar en paracaídas deseado. Esta vez sin querer huir a OTROS REINOS La mayoría de edad impone a sus soldados interiores sean valientes para seguir en la batalla pasajera de la vida. Que bonito me siento. Elegiaco quizás. Todos los recuerdos en un decorado débil y bien elegido. Todos los amores bregan por salir triunfantes y ganadores. Pero no, no les dejo ganar la batalla de esta tarde. Anteayer quizás. Ahora esta todo clasificado en los archivos. Que hermosa Lucia di Lammermoor. Debí tenerla en aquella niñez para que me descalabrara cual Lucecita ciega y radiofónica. Que sinvivires aquellos. Sin respirar siquiera en los cuartos de costura. Silencios absolutos. Solo el hilvan sobre las costuras de la ropa y aquellas voces enlutándonos por días en el misterio de la pobre cieguita. Ahora me siento mas joven. Esta tarde me reconforta María, sale a escena con Casta Diva. Me derrito. Peso menos, buena terapia para los estragos que nos esperan estos días. Furtiva sale la Emoción a mi rostro. Se interesa por el acontecimiento de Enero y la dejo fluir encantada. Vuela blanca, transparente como caricias oportunas y se posa en mi piel de niño nuevamente. Narrador caucionado. Funcionario de la Historia. Querido por ella. Y contratado para sus jardines verdes y de hiedras cuando él lo quiera. Ahora cuenta nuevamente, en las horas del Tiempo, matrículas enfermizas y contaminantes. Hágase pues lo que deseas Historia. Esto sigue aburrido y a peor. Bienvenida, Tu che le vanitá, gracias Renata. Vengo de unos aposentos nunca vistos. Sus roces hieren mis recuerdos. Me aman sin amantes. Oyen mis suplicas y estoy preso. Encerrado en confines extraños. Por eso no estoy bien. Sigo enfermo. En mi mundo. Acariciando los arpegios y las melodías, por el espacio del Tiempo. El mío. Me pongo un frac. Digo un sortilegio para la Razón y no atino. Los fragmentos de la memoria me reconstruyen, pero la quiniela no toca. Renata Renata que haces? porqué rozas mi inútil piel? Porque lloro ahora? Nadie se queja ni me olvida cual vagabundo indeseado. La tarde decae como en un sueño cansado. Estas teclas pesadas son mareadas casi en penumbra por sus náufragos. Dedos marineros. Aprendices de nada. Que teclean educados. Desarticulados. Desorganizados. Melodías en un mar menor. Fronterizo con la Tierra. Nunca un Océano misterioso. Poseedor. Pero bueno...viva la mar cercana de los dedos. Majestuosa la Traviata se va despidiendo, conmigo al frente de este timón descalabrado por las tormentas de los deseos, nos vamos a otras ferias, con otras puertas que se entreabren gracias a los cariños generosos de sus moradores. Una Adriana pide un poco mas de limosna. Le he dado un manto verde de lanita, para que se de calor y un beso en esta tarde de Navidad. Le he dicho que pase a mis estancias y se reconforte con un café. Me ha dicho que no. Solo tres minutos y un pañuelo para limpiar mi emoción, me ha durado su visita y vaga ya por esa tarde singular con su desventura. Adiós pues. Gracias por tus horas. Tabernera del puerto. La noche de mi tarde añeja ha llegado. El viento brama seco. En unos segundos ha empezado a humedecerse y a templar su hombría poderosa.Cae pues la maldición de su poder. Que nadie ose salir del mundo ahora mismo. Las casas huelen al goteo de la lluvia. La calle sombría muestra sus regueros. Los alumbrados navideños mecen sus mensajes que mañana se iran al olvido. Oportuna, pues, las horas de esta primeriza noche lluviosa y fria, me abren de nuevo el loco mundo de la Ópera. Para un loco que acaba de hacer otra generosidad. Prestar un paraguas a una descarriada amiga que ha venido en auxilio, aun teléfono marchito. El mío. A llamar a un no menos descarriado amante que se ha perdido y no lo encuentra. Bendita la generosidad. Los suspiros de ella rescatados en mi casa, y unas afortunadas caladas de un chester prestado. La tengo detrás de mí, en silencio prohibido y no deseado por el narrador, pero las circunstancias aúnan mi deseo de seguir escribiendo en soledad y no puedo mientras Monserrat desgrana las lisonjas de sus hombres en El Rey que Rabió, que casualidad. Acaba de irse. Tampoco rabio yo. La soledad anuncia su buena presencia. Kiri acaríciame oportuna en mi semblante. Madrina engrasa bien las campanas para nuestra noche arrugada. Aun no ha venido pero seguro será Vieja y sabia. Kiri, Kiri veo los mundos otra vez, los deseados en las amplias llanuras de mi soledad. Esparce cuidadosa los castigos. Te los amontonaré si quieres. Se los llevará un Capitán. Con el plumin deseado le daré instrucciones. Una somatada adecuada para que no vuelvan a molestar. Pero no dejes de cantar. No ceses de revolotear aquí y allá. En esta noche rara de visitas. Tengo un árbol encendido y un molino de viento con sus aspas girando sobre un portal encantador. Kiri ven a verlos los apagaré sin deseos de hacerlo. Pronto. Me sumergiré en sabanas calidas, apagando la tenue luz de la noche. La farola interior que me alumbra. Para que sea negra absoluta. FIn.
  • Temas 64 Duración 05h 29m Oida 440 veces

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